Cuerpo fructífero o micelio: cómo leer de verdad una etiqueta de hongos

La diferencia entre cuerpo fructífero y micelio sobre grano, qué significa un extracto 10:1 y qué mirar en una etiqueta de hongos antes de comprar.

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Dos productos pueden decir «melena de león» en el frente del empaque y no tener casi nada que ver. La diferencia no está en el frente. Está atrás, en letra chica, y se resume en tres preguntas.

Primera pregunta: ¿qué parte del hongo es?

Micelio y primordios de champiñón en el sustrato
El micelio es la red blanca del sustrato. El cuerpo fructífero es lo que sale afuera. Foto: Pradejoniensis, CC BY-SA 3.0

Un hongo tiene dos partes muy distintas.

El micelio es la red de filamentos blancos que crece dentro del sustrato. Es el organismo propiamente dicho, lo que se alimenta y se expande. Vive escondido dentro de la madera o del grano.

El cuerpo fructífero es la seta: lo que sale afuera, lo que se cosecha, lo que en la melena de león son las púas blancas colgantes. Es la estructura reproductiva.

Ahora, el punto práctico. Cultivar cuerpo fructífero es lento y caro: hay que colonizar el sustrato y además lograr que fructifique, que es la parte difícil. Cultivar micelio es rápido y barato: se siembra sobre grano —arroz, avena, sorgo—, se deja colonizar unas semanas y se muele todo junto.

Y ahí está el problema: cuando se muele todo junto, el grano se va en el producto. Un polvo de «micelio sobre grano» es, en buena parte, almidón del cereal.

Esto está medido. Un estudio de 2025 comparó productos de chaga y encontró que los de grano fermentado traían entre 33 % y 74 % de alfa-glucanos —el marcador del almidón— frente a menos del 2 % en el material auténtico. Al ponerles yodo, los de grano se teñían de azul marino, que es lo que hace el almidón. La conclusión de los autores es que esos polisacáridos «probablemente provienen del sustrato de cereal, no de la biomasa fúngica».

Y hay un dato más incómodo, este de un equipo universitario con un coautor de la Farmacopea de Estados Unidos, sin vínculo con la industria: de 19 suplementos de reishi comprados en el mercado estadounidense, 13 traían polisacáridos tipo almidón y solo 5 tenían el beta-glucano ramificado que se supone que compras. Apenas el 26 % correspondía a lo que decía su etiqueta.

No es fraude si la etiqueta lo dice. Es un problema cuando no lo dice.

En Colombia y en general, la señal a buscar es la palabra explícita: cuerpo fructífero o fruiting body. Si la etiqueta dice «micelio», «mycelium», «biomasa miceliar» o «cultivado sobre grano», ya sabes qué estás comprando.

Segunda pregunta: ¿es polvo o es extracto?

Polvo es el hongo seco y molido. Sin más.

Extracto es el hongo sometido a un proceso —normalmente agua caliente, a veces agua y alcohol— para concentrar ciertos componentes y descartar el resto.

Y hay una razón química, no comercial, para que la distinción entre cuerpo fructífero y micelio importe. Un análisis publicado en 2026 buscó cuatro compuestos en materiales de melena de león y encontró que unos aparecen solo en el micelio y otros solo en el cuerpo fructífero. No son el mismo material con distinto rendimiento: son materiales distintos.

Ninguno es mejor en abstracto: son cosas distintas. El polvo conserva el hongo entero, incluida la fibra. El extracto concentra.

Lo que sí es una señal es que un producto no diga cuál de los dos es.

Tercera pregunta: ¿qué significa ese «10:1»?

Es una razón de concentración. Un extracto 10:1 quiere decir que se partió de 10 kilos de material seco para obtener 1 kilo de extracto. Un 12:1, de 12 kilos.

Suena a que más siempre es mejor, y no necesariamente. La razón te dice cuánto se redujo, no qué quedó adentro. Un 20:1 hecho con mal material sigue siendo mal material, solo que más concentrado.

Por eso la razón sola no basta.

El dato que de verdad ordena todo: los beta-glucanos

En las paredes celulares de los hongos hay unos polisacáridos llamados beta-glucanos. Son medibles en laboratorio, y por eso funcionan como el indicador de referencia para comparar productos.

Es exactamente igual que el porcentaje de cacao en un chocolate: no te dice si te va a gustar, pero te dice qué compraste. Un productor que analiza su lote y publica el porcentaje de beta-glucanos te está dando un número verificable. Uno que solo dice «alta potencia» te está dando un adjetivo.

Ojo con un truco viejo: algunos productos declaran polisacáridos totales en vez de beta-glucanos. La medición de polisacáridos totales se hace con un método colorimétrico que —en palabras de los propios investigadores— «no mide específicamente ni el contenido de beta-glucano ni el de alfa-glucano». Traduzcamos: cuenta el almidón del grano como si fuera hongo. Es un número más alto y menos honesto.

Una precisión que conviene hacer, porque casi nadie la hace: no existe un método oficial internacional para medir beta-glucanos en hongos. Lo que se usa es un método de referencia de facto, publicado en 2016, que mide el glucano total, mide aparte el alfa-glucano, y saca el beta-glucano por diferencia. Funciona, pero conviene saber que se está restando, no midiendo directo.

La lista corta, para cuando estés parado frente a un empaque

  1. ¿Dice cuerpo fructífero, con esas palabras?
  2. ¿Dice si es polvo o extracto, y cuál razón?
  3. ¿Declara beta-glucanos, y no «polisacáridos totales»?
  4. ¿Dice qué especie es, con nombre científico?
  5. ¿Dice quién lo envasó y dónde, y trae registro o notificación sanitaria?

Cinco preguntas. Si un producto responde las cinco en el empaque, sabes qué compraste. Si esquiva tres, ya sabes otra cosa.

Nuestros datos están impresos en cada sobre, y los explicamos uno por uno en preguntas frecuentes. El producto está en la tienda.

Saccro es un alimento. No es un medicamento ni reemplaza una alimentación equilibrada.

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